Diferencias entre ataúdes y féretros

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Si hay algo que comparten los ataúdes y los féretros, es que son parte fundamental de un servicio funerario. Sin embargo, y a pesar de lo que creen muchas personas, ambos presentan diferencias. Desde la forma en general hasta su relevancia cultural y los materiales de su fabricación son los contrapuntos entre ambos productos, que pasaremos a detallar a continuación.

Lo primero es revisar la estructura de ambos y en el caso del ataúd, es de forma hexagonal y termina en punta. Es decir, la parte del ataúd que sostiene la parte inferior del cuerpo es más estrecha que la zona de los hombros. Esta estructura originalmente se inició como una forma de ahorrar dinero y materiales. Además, se solían hacer con madera de pino y no estaban forrados o acolchados, situación que ha ido cambiando con el tiempo, pues ahora se fabrican más ostentosamente.

La diferencia más sustancial que tiene el féretro con el ataúd es la forma. Este es rectangular y ancho, incluso de arriba a abajo. Podría decirse que es más moderno que el ataúd y generalmente está forrado y acolchado, con una tapa que se divide en dos secciones. La parte superior por lo general se abre para que se pueda ver la cabeza y los hombros del difunto en el funeral.

Materiales y uso cultural

La construcción de un féretro es más elaborada que la de un ataúd. Esto, porque puede hacerse de diversos materiales como acero inoxidable, bronce, cobre o fibra de vidrio entre otros. Mientras tanto, los ataúdes están hechos tradicionalmente de pinos. Otra diferencia entre ambos son la frecuencia de su uso en las distintas regiones del mundo y el período de tiempo en que fueron más frecuentes. Los ataúdes fueron muy utilizados a lo largo de la historia para enterrar a los muertos, pero en la mayoría de las zonas, han pasado a ser sustituidos por los féretros. Sin embargo, aún hay ataúdes que se utilizan en Europa.

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